Buscar este blog

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL CONTROL DE ESFÍNTERES




Hola a todos, durante varias semanas os voy a hablar del control de esfínteres en los niños, basándome en los factores que intervienen, como plantearlo, y sus trastornos.

El objetivo es aprender a estar limpio y seco.

El control de la orina y de las funciones excretoras supone mucho más que el mero control físico de la vejiga y de los músculos esfínteres. Tiene una profunda implicación emocional tanto para los niños como para los adultos.

El aprendizaje de los hábitos higiénicos se ha ido retrasando cada vez más ante la evidencia de que es más acertado esperar a que los niños dispongan de la madurez necesaria para participar activamente en su propio proceso de querer aprender a estar secos y limpios. Hábilmente hacia los dos años la musculatura esfinteriana está preparada para iniciar una regulación voluntaria, pero también hacen falta otras condiciones relacionadas con la evolución general.
A los dos años, no hace mucho tiempo que se ha dejado de ser un bebé que dependía por completo del adulto, ahora puede andar y alejarse pero sigue necesitando volver para asegurarse de que sigue estando.

A esta edad los sentimientos de seguridad se han incrementado, debe y sabe hacer más cosas. Pero a la vez que el adulto le transmite que ya es mayor y sus deseos de autonomía también aumentan, la dependencia de los mayores es aún muy elevada y constantemente actúan comunicándole prohibiciones y limitaciones, para evitar situación de riesgo.

Las reacciones ante las propuestas de usar el orinal vana ser muy variadas. Algunos se sientan alegramente cuando se les ofrece y se muestran contentos de estar allí, aunque al levantarse el orinal esté vacío. De pronto un día descubren el proceso de depositar el pis o la caca en el orinal y no vuelven a necesitar más los pañales. Otros en cambio se resisten a usarlo y prefieren seguir utilizando sus pañales.

En realidad, el papel del adulto no consiste tanto en enseñarles como en observar y reconocer cuando están preparados para ese paso.

Una vez que el niño se ha acostumbrado a no tener pañales no pensemos que ya no los va a necesitar nunca más. Pueden presentarse multitud de motivos por los que se interrumpa el proceso y se produzcan retrocesos.

En la mayoría de los casos se tratará de regresiones naturales, habituales y saludables en el proceso de crecimiento. A veces son necesarios unos pasos hacia atrás para afianzarse en anteriores funcionamientos más conocidos y poder partir de ahí, conseguir el progreso con más estabilidad.

Cuando empiezan a utilizar el orinal para orinar o defecar, inspeccional con atención y curiosidad lo que han hecho. Sienten que han producido algo bueno y valioso. Las reacciones de los adultos con sus elogios o reproches a veces exagerados no contribuyen a relativizar la importancia que sus productos tienen para los niños.

Una actitud flexible y serena por parte de los adultos va a favorecer una mayor colaboración por parte del niño. En cambio, una actitud rígida puede acrecentar su obstinación en su intento de poner a prueba su poder, instrumentalizando así la función excretora como protesta y rebeldía ante el adulto que pretende imponerle los hábitos de limpieza.

De nuevo, la observación de cada niño, de su momento evolutivo de sus intereses y actividades espontáneas en el juego, de su relación con el adulto de sus deseos de querer aprender a conocer y controlar los objetivos y de forma más especial de su interés por querer aprender a estar limpio y seco, y por tanto a dejar los pañales...nos indicará el momento de iniciar este proceso. Recordando que este es uno de los aspectos de la educación de los más pequeños en el que cuanta menos prisa se tenga más adelantos se logran, sin por ello renunciar a favorecer el nivel de competencia que corresponda en cada momento.


No hay comentarios:

Publicar un comentario